Volver al Futuro

Pasa rápido el tiempo. Nos encontramos en el segundo semestre de este año 2020, asomándonos al mes de la Patria y poco más allá al 18 de octubre del año después.

Ha sido un tiempo extrañamente inasible, como un largo túnel que aún no ofrece la luz de su salida. Una nueva realidad que quisiéramos encontrar, que sabemos que será distinta, pero no mucho de qué forma es que lo será. Pero ya va siendo hora. Los estados de excepción no se pueden mantener en statu quo por mucho tiempo.

Chile cambió. No entendemos todavía muy bien las implicancias de esa afirmación pero necesitamos, añoramos más bien, que resurjan las claridades.

“Volver al Futuro”, la película estrenada en 1985, producida por Steven Spielberg y protagonizada por Michael Fox, nos podría dar ciertas luces inspiradoras. En esa ficción, lo medular de la historia es que su protagonista debe viajar al “pasado” para afectar el futuro. Buena pista.

A nosotros nos ha ocurrido lo mismo. Algo sucedió en el camino y nos perdimos, nos salimos de la ruta y definitivamente no sabemos muy bien dónde nos encontramos. Además, todo en medio de una pandemia y como si fuera poco, se nos viene encima un plebiscito que pareciera de otra época, como las sentencias judiciales que sancionan muchas veces años después, escindidas de las emociones y los contextos, lo que ocurrió hace ya tanto tiempo.

Pudiera ser una buena idea explorar en qué estábamos antes que la ola pasara por sobre nuestras realidades. Qué fue lo que dejamos atrás y qué de esa historia pudiera ser la huella de vuelta al futuro.

En el mundo empresarial, estábamos en que el modelo nos había permitido crecer, que habíamos recorrido 30 años de desarrollo bastante sostenido, derrotando en gran medida la pobreza y contribuyendo de manera protagónica a que el país lograra distinguirse en Latinoamérica y el mundo.

Pero estábamos también en que nos habíamos acostumbrado al éxito. Habíamos perdido quizás la disciplina de los años duros, creyendo que las instituciones, los modelos y las empresas incluso, se cuidaban solas.

Fue entonces cuando treinta pesos nos enseñaron de un golpe que una cosa es crecimiento, pero otra más compleja lo es con productividad y tanto más, con sostenibilidad.

Constatamos que las utilidades tienen que tener legitimidad social y que el ejemplo es clave para la construcción de valores. Que parte relevante de la formación de cultura se desplazó desde la institución de la familia a la empresa. Que el bien común lo hacemos todos y que éste no sustituye nuestro ser. Que la libertad sin obligaciones no existe. Que la responsabilidad social empresarial es como de perogrullo, partiendo por los trabajadores y las familias de los trabajadores que conforman la empresa.

Estábamos en que tan importantes como los desafíos macroeconómicos, lo son los de la economía doméstica y cotidiana, catalizados en el cumplimiento de los contratos y en la transparencia y rectitud de la letra grande o chica.

Yascha Mounk, politólogo estudioso del populismo y de cómo actitudes ciudadanas pueden poner en jaque el sistema, autor del libro “El pueblo contra la democracia”, contaba recientemente en una entrevista publicada en El Mercurio: “Un pez viejo se encuentra con dos peces chicos y los saluda: Buenos días, ¿cómo está el agua hoy?. Cuando pasa de largo, uno de los jóvenes le dice al otro: ¿Agua, qué es eso del agua? Para un pez estar en el agua es necesario, pero si ha estado ahí toda su vida, es difícil que lo sepa.”

Volver al futuro. El 20 de agosto de 2019, nosotros lanzamos con gran éxito un modelo que es capaz de tasar talentos. Una herramienta que permite en forma simple, apreciar el valor del capital humano, al menos con tanta precisión como aquella que nos ayuda con el capital financiero de las empresas.

Casi a un año de ese lanzamiento hemos comenzado a reactivar nuestras conversaciones con los directivos de importantes empresas, para contribuir desde ahora a instalar a las personas, de verdad, en el corazón de la estrategia.

Las crisis aceleran los procesos y permiten que se refocalicen los esfuerzos hacia una nueva conciencia sobre lo esencial, en este caso, de lo que significa “hacer empresa”.

Es tiempo de volver al futuro. Más allá de la contingencia, se puede. No perdamos más tiempo. En el ámbito de la empresa, la política la hacemos día a día y no necesitamos más que convicciones, liderazgo y manos a la obra, para volver a hacer la diferencia. Saquemos desde nuestras empresas lo mejor de Chile.

 

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