No se tocan

Los amarres que han surgido de manera progresiva en las vísperas del próximo once de marzo, amenazados en el rating nacional sólo por el escondido a luces cable chino, complican. Dificultan el ejercicio de pensar en positivo, de ofrecer una mirada que esperance abrir el mes siguiente y llenarlo de propósito.

Caminando por una puesta de sol que ofrece oro puro desde el horizonte, allá donde el mar termina de verse, resulta más difícil pero no imposible. Porque la esperanza suele ser lúcida y aparecer en las coyunturas, más diáfana y mejor advertida.

Pensando en los derechos sociales, me imagino de pronto un predio con árboles del fruto que cada quien escoja y un letrero que dice: “no tocar”. Como si ellos hubieran aparecido de pronto, resultantes de alguna magia que los intervino por las noches o en las circunstancias desapercibidas y ausentes de testigos.

Claro, en algún lugar habrán quedado las palas y las manos que prepararon el suelo, y sus agricultores y las semillas y los jornaleros y los corta incendios y la helada y la siembra y la poda y las lluvias del invierno. Y el riego y los pulgones y los nuevos intentos.

¿Y si no hay plata? ¿Habrá que endeudarse? ¿Cuál será el cerco que habrá que correr? ¿Con qué explicaciones y eufemismos para poder tocar lo que de pronto acuse desmedro? ¿Cómo hacer para que la fruta ofrecida se vea fresca y no parezca estar podrida?

El sol de la puesta se ha escondido y mientras el anochecer aun no se instala definitivamente, seguimos caminando en nuestro recorrido que va arrastrando hacia la historia, también el último suspiro de febrero.

Bendito descanso para ordenar los pensamientos y delinear las circunstancias del camino, y de nuestros imaginarios destinos. Y en ese sensible espacio de tiempo interior tan escaso, gratuito regalo este de caer de pronto en la cuenta, ¡que es cierto!

Que los frutos no se tocan, ¡que ya son y ya fueron!

¿No son acaso la prueba ya rendida y entregada?

¿No es sólo a modo de ejemplo el resultado de la PAES, antes PSU y antes PAA, el fruto contrastado al puntaje para ese estudiante que estará investigando para qué le alcanzará, en el imposible de responder de nuevo?

¡Exacto me respondo para mis adentros!

Los frutos no se tocan, una vez que sean ya serán y ya fueron. Entonces no cabe sino pensar en los deberes necesarios de cumplir para tan deseados buenos frutos, de modo que después no sea tarde siquiera pretenderlos.

Caer en la cuenta, que sencillamente no existen los derechos sociales como un objeto inerte y resultante de una suerte de magia o de una esperanza firme y ya.

Entender que ni la vida se instaló en ti, en mí, espontáneamente, como resultante venida de la nada, con su catálogo de uso, mantención y garantía.

¿No es cierto acaso que antes Él mismo fue capaz hasta de morir por cada uno de todos los que hemos tenido en suerte existir?

¡Entender a tiempo que son los deberes los que están en juego, cuando es la calidad de los frutos la que pretendemos!

Por cierto, la educación gratuita y de calidad no la encontramos por estos días en árbol alguno, y la que existe por de pronto o la que tengamos mañana, no es y nunca será gratuita. Requerirá siempre de constantes buenos trabajos de siembra y cuidados, de abnegados profesores y dispuestos alumnos y padres involucrados y respeto, y respeto, y respeto, a tan noble desafío de aprender y de enseñar.

Que dar frutos no es cuestión de tómbolas.

Que, de igual manera, la salud cuenta desde ya con todos los recursos para que las listas de espera desaparezcan por completo, pero le urge que ninguna prioridad ajena deje de irrigar el árbol al que pertenece. No vaya a ser por tan irresponsable descuido y a ojos vista de multitudes, que ofrezca luego tan estériles resultados calificados como sus mejores frutos.

Para comenzar y sólo como buen consejo, que las autoridades recuperen las pérdidas mal habidas producto de las licencias falsas y los responsables devuelvan dichos valores al cuidado de tan delicado árbol.

Que el presupuesto fiscal cuadre y se deshaga de todo propósito superfluo, que no vaya en estricto destino del cultivo básico que demanda el bien común, escaso y fundamental árbol de paz social, libertad y fomento de infinitos sueños.

Como los derechos resultantes del esfuerzo no se tocan, urge que fijemos la vista en el trabajo bien hecho, partiendo por mí y por ti. Lo demás será siempre humo. Humo que se va. 

 

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