Nosotros

¿Qué decir o resumir de un año en la dimensión del tiempo en que vivimos?

¿Qué epitafio para este 2025 que seguimos todavía observando como un sol perdiéndose en el horizonte?

Qué distinguir ante los panoramas volátiles ofrecidos por nuestra querida tierra, llena de fronteras viejas y futuros indescifrables, como si nos observara deambulando hacia un lugar escindido de nosotros mismos.

Qué desde nuestro querido Chile, que ha intentado remecer su propio existir en este tiempo ya ido pero que aún no llega. Escudriñando cepas de nuevos clivajes, intentando descubrir verdades actuales o al menos certezas, aunque éstas se encuentren todavía escondidas de sus propias quimeras.

Ahí, en la historia propia entendida como aquella tangible y concreta a la que pertenecemos, es que recientemente me pude asombrar.

Tú sabes que diciembre es de carácter precipitado, pero a la vez prudente, de adviento, de nacer y de concluir en el latido de un nuevo comienzo.

¡Por supuesto debo alegrarme contigo porque El Niño ha nacido! Porque a María Reina y Madre del Universo, nuevamente le han dicho y le dirán “Feliz”.

Pero te quiero compartir algo que no sé si también viste. Algo más mundano, que ocurrió en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.

El mensaje fue evidente.

Eso sí, como nos ocurre con todo lo que nos rodea, aunque en apariencia sea masivo, te adelanto que el hallazgo fue más bien propio de un mensaje personalísimo. Tal como nos ocurre con nuestro prójimo que de las muchedumbres pasa a congregarse indefectiblemente en el puñado de personas que, en orden al juicio de tu historia, podrán declarar que tú exististe, tanto como tú podrás dar cuenta de cada una de ellas en igual sentido.

Fue en la urna, a solas, que se me apareció.

No fue inmediatamente. Ocurrió justo al votar que nítidamente vi la Cruz. Ahí estaba instalada en el lugar de mis aspiraciones, no obstante sencilla, simple de cardinalidad y mensaje, silente y esperando que yo la tomara.

¿Será capaz?

Sus primeros noventa días serán claves. ¿Podrá gobernar con tanta expectativa confiada a su discernimiento?

¿Podrá hacer equipo?

¿Tendrá capacidad para dialogar, apreciar consejos y a la vez ser convincente y mantenerse recto?

Mientras te escribo se me viene a la memoria Milan Kundera o más bien la obra maestra de ese escritor checo, titulada “La insoportable levedad del ser”.

Y me veo desde el día de las elecciones o desde antes, escrutando los compromisos ajenos de esas multitudes “que no entienden”. Que me trasladan incluso a tierras que no conozco, de igual forma que a la desidia que se escapa de mis manos y que me lleva también con mi distraída memoria, a batallas ajenas, a batallas ajenas, a batallas ajenas.

No porque no me importen, sino porque se encuentran lejanas a esa cruz que me está hablando a mí primero.

La vida de los otros, película notable dirigida por Florian Henckel de cuando existió un muro divisorio en Berlin, que describe la Alemania Oriental vigilante en esos años de hasta los pasos de “los otros”, también se me asoma, a pesar yo de haber salido ya de la urna, interpelado en primera persona.

Camino con mi cruz extendida al cielo desde el suelo, y con su madero que me ofrece clavos de ni pensarlo, mientras voy acelerando el paso, y en mis pensamientos se me aparecen los rostros cercanos y variados de mi prójimo.

La otra alternativa, razono, es que le vaya a dejar mi voto a otros que se ofrezcan y se hagan cargo de mi cruz. ¿Pero con quién debería hablar? ¿Y si alguien pudiera, tendría mejor conocimiento que el mío para atender ese prójimo al que me debo, en el que soy a la vez que es en mí tan directamente?

Diciembre lleno de tareas cumplidas y por cumplir, de Camino, Verdad y Vida, te agradezco tanto por tus días gastados, como por esos que asomas para que los hagamos, insuficientes para cambiar el mundo, pero imprescindibles para hacer que la vida cotidiana en la que somos, despierte nuestra vocación privilegiada de amar a los demás como a nosotros mismos.

Urnas llenas de cruces de yugo suave y carga ligera, Amor de emergencia para llenar los espacios de humanidad con nobleza.

¿Mañana quién nos pedirá cuentas? ¿Seremos capaces?

 

Panel Consultores

Nuestra Historia

Panel Consultores nace el 6 de abril de 1987. En estos años hemos logrado capitalizar una gran experiencia, acompañando a nuestros clientes en sus desafíos de crecimiento y cambio. Hemos participado con éxito en más de 100 proyectos de mejoramiento y de realineamiento en gestión, activados en su mayoría por cambios generacionales, cambios de escala, de propiedad, de ciclo económico o de contexto.

Por trayectoria, nivel de actividad y perfil de nuestros clientes, hoy ocupamos un lugar de privilegio dentro de las empresas consultoras que operan en Chile, especializadas y dedicadas en forma relevante a prestar servicios de asesoramiento estratégico en gestión.

Dirección

Sergio Germain Fonck

Graduado PADE del ESE Business School de la Universidad de Los Andes, Diplomado en Gestión de Marketing Universidad de Chile, Estudios de Ingeniería Comercial en la Escuela de Negocios de Valparaíso Fundación Adolfo Ibáñez.

Ocupó cargos gerenciales de línea y en 1987 fundó Panel Consultores en Gestión. Ha asesorado a diversas empresas de relevancia en sus procesos de cambio generacional, reestructuración y realineamiento estratégico, como así mismo en proyectos de mejoramiento en gestión. En algunas de ellas ha ejercido la posición de Director.

Es miembro del equipo de Mentores del programa MBA del ESE de la Universidad de Los Andes. Es autor intelectual del modelo de Gestión de Capital Humano Talent Asset Valuator – TAV®.