¡Arriba los corazones!

El mes de mayo de nuestro querido Chile, terruño fundado al sur del mundo hace apenas doscientos quince años, va poniendo término a su versión 2026.

De mar en su ADN, enfundará la espada del Capitán Prat, su Héroe inmortal que yace en Valparaíso como en cada rincón de nuestra bandera y por cierto en Iquique, ahí, al fondo de nuestra indemne memoria patria.

Da algo de pena porque de glorias y epopeyas, de grandes sueños, de inicios perdurables, estos tiempos van callando.

Es que el presente en el que deambulamos ostenta en nuestra patria una mediana poblacional de 37,4 años, de adolescencia constreñida en su breve experiencia de escasa memoria.

Con una natalidad de 0,97 nacidos por mujer y una urgencia que reclama la evidencia, la opinión pública demanda un signo que asegure en hechos el devenir de tiempos mejores.

Es que Babel nunca fue una torre arcaica. Muy por el contrario, siempre estuvo presente, pero a la manera de un descubrimiento perdido. Como el de ese hallazgo que inesperadamente encontramos en un cajón un día fortuito, cuando ya pensábamos que esa carta o recuerdo de un ser querido se nos había perdido.

León XIV ha venido entonces, en la plenitud de estos tiempos presentes, a exhortarnos incluyéndose sin duda él mismo y la Iglesia que dirige, con su primera encíclica: Magnífica Humanitas.

Urbi et Orbe, despierta su mensaje intacto desde los albores de nuestro génesis.

Es que el problema es global y va muy rápido el presente. El conocimiento humano, dicen, viene duplicándose cada doce horas, sin que sea factible capturar trazabilidad alguna de su recorrido.

Mientras, la gnosis de la realidad de apellido “artificial”, no se puede distinguir de aquella que consideramos “humana”. No sé si eres tú quien estás ahí, o bien si se trata de un Bot animado por la “matrix”.

…..o si lo que me señalas es cierto, y con qué certeza pudiera dar fe que tú te harás responsable del consejo que me estás dando.

¿A propósito, fui yo el que te lo pedí? Te lo pregunto porque no sé cómo fue que te enteraste, que yo estaba pensando en lo que estoy pensando.

Enredada la cosa.

Realidad que reclamas certezas, expectativas para la cuenta pública de mañana.

Que los beneficios sociales no se tocan. Entonces, que los más ricos repartan sus abundancias, que en los colegios no existan las notas y que todo atisbo de mérito personal sea visto como una suerte de avaricia.

Que el éxito es responsable de la envidia que causa y el esfuerzo no es algo que se deba admirar en la exégesis de una generación “Vivaldi”.

Lo más paradojal es que a ratos escuchamos que “no lo vimos venir”. ¿Cómo fue que se nos cayeron las certezas, que el salir adelante se convirtió en un derecho y que los deberes se nos trucaron deleznables?

¿Magnífica Humanitas, quo vadis?

¿A la promesa de entender la muerte como una enfermedad curable?

¿A la factibilidad de engendrar en úteros artificiales, sin dolor por cierto pero también probablemente sin amor?

¿A la inteligencia depositada en la matrix para que le preguntemos sin necesidad de discernir, el por qué y el para qué de un intelecto ajeno a la receta de la que fuimos hechos?

¿Entre inteligencia y voluntad, no será la segunda la que advierte hoy el riesgo de trucarse en una pócima artificial?

¿A dónde es que quieres ir Magnífica Humanitas de Hombre y Mujer, llamada desde el principio a enseñorear la tierra?

¿Ya tu trabajo no será necesario y entonces ni parirás con dolor ni te ganarás el pan con el sudor de tu frente? ¿Ese será tu triunfo y te podrás liberar del “castigo” y no tener fruto prohibido alguno que resulte lejano a tu alcance?

¿Nos quedará bien ser como dioses, dueños del invento de nuestra propia eternidad?

Querido Chile, aquí en el confín del mundo, podrías tú ser dueño nuevamente de un cambio de rumbo y de sorprendente ejemplo de inteligencia y voluntad.

Cuál será tu cuenta pública de mañana, cuál por cierto la mía como la de cada uno de quienes deseamos construir el Chile sorprendente, de Magnífica Humanitas que nos llama a ser parte de la creación que nos regala el Camino, la Verdad y la Vida.

¡Arriba los corazones!

 

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