Las arcas

Abril ostenta su significado más luminoso en el hemisferio norte. Es que su nombre proviene del verbo latino “aperire” (abrir), indicando el mes en que la naturaleza se abre, floreciendo y destellando sus frutos como una piel tersa y joven.

En nuestro querido Chile en cambio, terruño ubicado en la base que soporta nuestro planeta para que flote en su universo vasto, abril más bien advierte ráfagas de viento. Corrientes mensajeras de los ríos que derrocharán tempestades en un abrir y cerrar de ojos, para cuando el otoño haya desnudado los árboles y el cielo tenga a bien abonar la tierra.

Pero tú abril, el de nuestra patria, te has puesto una meta en verdad ambiciosa. En tu último día has querido en semejanza dar a luz tu propio “aperire”, aportando una suerte de florecer al modo del Apóstol Mateo, como el más disciplinado recaudador de impuestos.

¡Y has llenado las arcas de un año entero de esfuerzos!

Todos corriendo, revisando la información capturada y clara del Servicio de Impuestos Internos, que le sugiere al contribuyente lo que ha capturado ya milimétricamente y que sabe en línea desde antes.

El tributo del trabajo ha quedado depositado en las arcas fiscales con su resultado neto, descontadas las provisiones. Habrá el servicio de reembolsar luego los aportes excedidos, cerrando la cosecha del año viejo.

Me preocupa que te lo tomes a mal. Porque de tus treinta días no quisiera remitirme sólo a uno y además al último. Pero bueno, por otra parte en algo sentirás orgullo al caer en cuenta que ese día último vale por todo un año.

¡Gracias entonces por tu regalo!

Permíteme sí preguntarte, no me quiero confundir por cierto, ¿qué te parece que mayo abra tu regalo en su primer día, festejando justamente el trabajo?

Recaudas los esfuerzos de otros, los tomas, te apropias de ellos o los confiscas en tu suerte de generosidad hacia los más desposeídos, y te adueñas luego de los aplausos y del derecho de autor del bien común.

¿Qué no sabes acaso que en Chile, aproximadamente, sólo el veinticinco por ciento de los trabajadores con mayores ingresos paga impuestos a la renta?

Mira, te propongo que hagamos un movimiento para que en el día del trabajo, en alguna parte de sus festejos, se rindan homenajes a la solidaridad que proviene del esfuerzo, como el fruto de éste que salió temprano y que tuvo empeño y que madrugó y que se justificó y que compartió.

Cómo nos haría de bien, ese día tener en nuestras conciencias a los cesantes que agradecerían tanto por tener derecho a la ley de cuarenta horas, y que les sacáramos la angustia de no lograr en recompensa los frutos de sus esfuerzos.

Cuánto bien nos haría querido abril, entenderlo para no tener que mentirnos pensando que los frutos no se tocan, como si no salieran de los árboles que se deben podar y regar.

Sería tan fácil decir que la salud no se toca, que la seguridad no se toca, que la educación nos se toca.

Pero qué buen maestro has sido en esta pequeña reflexión que has tenido a bien permitirme, ahora que Chile deambula entre la crítica y la añoranza por recuperar sus orgullos factibles, sus triunfos difíciles, y dejar atrás sus derechos de utopías que sólo ofrecen gotas amargas de reprimidos llantos.

Aperire abril.

Te agradezco mucho esta pequeña musa que me regalas al terminar el día.

Me queda claro ahora más que nunca. No se trata de la plata sino de cómo usarla. No se trata de necesidades finitas para recursos que quisiéramos tener inconmensurables para no perderlos nunca, cuando sabemos indefectiblemente que son infinitas nuestras necesidades y nuestros recursos en cambio, siempre mezquinos, insuficientes y escasos.

No nos perdamos en esta búsqueda del bien común, esa que pende de nuestro propio esfuerzo.

¡Aperire abril!

Chile de moral bien puesta, no necesitas ser “vivaldi”. Más bien el futuro ruega que despertemos cual humanidad adormecida, de pronto nuevamente, y que no tengamos la inconsecuencia de escuchar programas radiales de opinión auspiciados por empresas de apuestas, o matinales parecidos a una plaza pública, denostando las vergüenzas de los demás.

Te agradezco sabio abril recaudador de recursos provenientes de la solidaridad, esa que guardamos en arcas responsables de lo ajeno y que sólo se construye trabajando duro.

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